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15 DE MARZO DIA MUNDIAL DE LAS PERSONAS CONSUMIDORAS. De una compra con 16 kilos de productos estándares, casi 2 kilos corresponden a envases desechables

Un análisis de la entidad REZERO, colaboradora de PIMEM para temas relacionados con residuos y sostenibilidad, asegura que cada vez más personas aspiran a poder satisfacer sus necesidades sin llevarse residuos a casa. Las nuevas normativas avanzan en este sentido, pero, a la práctica, se mantienen las dificultades para esquivar los residuos

La crisis ecológica tiene muchas caras y la de los residuos cada vez es más visible a ojos de la ciudadanía. Crece así la preocupación de la gente para evitar llevarse a casa envases y envoltorios desechables, y no solo por los efectos en el medio, también por los riesgos para la salud. Según un estudio de ámbito europeo, 2 de cada tres personas creen que sus hábitos de consumo afectan negativamente el medio y más de 4 de cada 5 encuestados (85%) se preocuparon por el impacto sobre su salud de los productos químicos presentes en los productos cotidianos.

Pero quien quiere hacer un consumo responsable todavía topa con muchas barreras. El 15M, Día Mundial de las personas consumidoras, es un buen pretexto para volver a denunciarlo. Por ejemplo, un análisis hecho por REZERO de la cesta básica de la compra, muestra que el exceso de envase todavía es muy presente a los comercios, que el plástico es el material más usado en envases y que las opciones reutilizables son prácticamente inexistentes. De una compra con 16 kilos de productos estándares, casi 2 kilos corresponden a envases desechables, la gran mayoría, superfluos.

¿Las leyes amparan el derecho a consumir sin residuos?

Hace tiempo que las normativas establecen medidas para limitar este derroche de recursos y el problema de residuos que compuerta. Esto se tendría que haber traducido en más posibilidades para hacer la compra sin tener que cargar con el peso, real y metafórico, de los envases desechables.

Pero el desencaje entre los titulares de los medios cuando se aprueban estas leyes y el que se encuentra la persona consumidora cuando pisa un supermercado es abismal. Esto se debe a varios motivos. Para empezar, los objetivos cuantitativos previstos en las normativas a menudo son demasiado sensibles a los intereses de la industria. Y también poco ambiciosos si tenemos en cuenta la urgencia de la situación. Es decir, se ponen límites, pero, aunque se apliquen, no se notan porque en algunos casos son prácticamente anecdóticos. A la vez, las mismas normas contemplan periodos de aplicación muy generosos con las empresas. Estas acaban dilatando la introducción de las medidas tanto como poden. Sin olvidar que las mismas normativas pasan por procesos larguísimos de aprobación y desarrollo.

El caso de la normativa europea de envases

Por ejemplo, la semana pasada La Vanguardia se hacía eco del acuerdo político provisional entre el Consejo y el Parlamento Europeo para aprobar el reglamento de envases. Algunas de las medidas que contempla el texto normativo son: la prohibición, ¡a partir de enero del 2030!, de algunos envases de plástico desechable, como por ejemplo los de frutas y verduras; la reducción gradual de envases, para llegar a tener un 15% menos el 2040; el objetivo que un 10% de los envases sean reutilizables el 2030, a pesar de que los estados podrán conceder moratorias de 5 años más.

Retrasos en la aplicación de la ley de residuos española

En cuanto a la ley española, como denuncia el colectivo #LeydeResiduosYA, del cual REZERO forma parte: «Es el momento que el Ministerio vele para cumplir la Ley de Residuos que la misma administración publicó el abril de 2022. Si no se cumplen los objetivos marcados en el texto, algunos hitos para la gestión de residuos en España peligran, como la presencia de envases reutilizables en los supermercados o el Sistema de Depósito, que tan bien funciona en otros países». En el ámbito catalán, pasan los años y continuamos sin la nueva ley de residuos. Estamos ante un retraso inexplicable e inadmisible.