Article de Josep Bestard, Associació de Guies de Muntanya. «Cuando estudiar para salvar vidas salva una vida: la lección de Lluc»

Socis en moviment 24 de setembre de 2026 · 4 min de lectura

Bestard és Cap d'estudis de Formació Professional del Centre de Tecnificació Esportiva de les Illes Balears

Sector: Serveis professionals # Defensa del soci
MUNTANYA

Pasadas las diez y media de la mañana del sábado 12 de septiembre, un ciclista de 47 años se desplomó sobre su bicicleta en las inmediaciones del campo de fútbol de Lluc. Había sufrido una parada cardiorrespiratoria. No respiraba. No tenía pulso. En cuestión de minutos, varias personas que se encontraban en la zona iniciaron maniobras de reanimación cardiopulmonar, mientras el SAMU 061 movilizaba un helicóptero sanitario que logró tomar tierra en el propio campo de fútbol. El hombre fue trasladado, ya estabilizado, a la UCI del Hospital Son Espases, donde continúa ingresado. Sigue vivo. Y sigue vivo, en gran medida, gracias a una casualidad que merece dejar de llamarse casualidad.

Aquella mañana, Lluc no era solo un lugar de paso para ciclistas y peregrinos. Era, también, el escenario de las pruebas de acceso a las enseñanzas deportivas de régimen especial en la modalidad de montaña: el proceso por el que decenas de aspirantes optan a convertirse en técnicos deportivos —guías de montaña, entre otras especialidades— dentro del sistema educativo español. Cuando se produjo la emergencia, una parte de quienes se examinaban aquel día pudieron desplazarse rápidamente hasta el lugar de los hechos y sumarse a la cadena de auxilio que, finalmente, resultó determinante.

Un colectivo que rara vez sale en las noticies Las enseñanzas deportivas de régimen especial son, probablemente, una de las etapes educativas menos conocidas por el gran público. No forman parte del itinerario académico convencional ni ocupan titulares con frecuencia, pero capacitan a los profesionales que, cada fin de semana, garantizan que miles de personas puedan practicar senderismo, escalada o barranquismo con un mínimo de seguridad.

Y aquí conviene deshacer un malentendido habitual: quienes cursan estas enseñanzas no son únicamente aspirantes a guía de profesión. En sus aulas y en sus pruebas de acceso convivent médicos, enfermeras, docentes de educación física, socorristas o deportistas de otros ámbitos que buscan ampliar su formación técnica en el medio de montaña, no necesariamente para hacer de ello su oficio, sino para ejercer mejor el suyo propio. Un enfermero que se forma como técnico de montaña no dejará de ser enfermero: será un enfermero capaz de intervenir con criterio en un entorno hostil, a varios kilómetros del hospital más cercano. Eso fue, exactamente, lo que ocurrió el sábado en Lluc.

La formación que estaba allí cuando hacía falta Lo sucedido no fue un golpe de suerte aislado, sino la manifestación práctica de para qué sirven estas enseñanzas. La proximidad de un grupo numeroso de personas con criterio técnico, capacidad de reacción y —en varios casos— formación sanitaria de base no fue casual: fue el resultado directo de que allí se estaba celebrando un proceso de selección para una titulación pensada precisamente para actuar en el medio natural, incluidas las situacions de emergencia.

Es fácil pensar en la montaña como sinónimo de riesgo. Es menos habitual pensar en ella como el lugar donde, gracias a una formación específica y regulada, ese riesgo se estiona mejor que en muchos entornos urbanos. El sábado en Lluc, la teoría se convirtió en práctica en el peor y en el mejor sentido posible: el peor, porque una vida estuvo en juego; el major porque el sistema de formación diseñado para estos escenarios respondió.

Una llamada de atención, no una anècdota Este episodio debería servir para poner en valor —y, por qué no, para reforzar institucionalmente— unas enseñanzas que forman a profesionales capaces de intervenir cuando el tiempo apremia y los recursos de emergencia todavía están de camino. No se trata de una anécdota simpática para el cierre de un telediario, sino de un argumento de peso a favor de sostener, dotar de recursos y dar visibilidad a la vía educativa de régimen especial en el ámbito deportivo, y en particular a la especialidad de montaña.

Actualización, lunes 21 de septiembre. El ciclista rescatado en Lluc ya ha recibido el alta hospitalaria y se encuentra en su domicilio, terminando de recuperarse. Nueve días después de aquella mañana, su evolución confirma lo que ya intuíamos entonces: que detrás de su supervivencia no hubo solo suerte. Hubo, también, un aula al aire libre, un tribunal de examen y un grupo de personas que, sin saberlo aún, estaban a punto de poner en pràctica exactamente aquello para lo que se estaban formando.

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